Amazon.com Widgets The James Bond 007 Dossier | Life & Style Magazine (Spanish) Bond Girls Article

The James Bond 007 Dossier

Bond, James Bond.

15. November 2012 11:11
by m
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Life & Style Magazine (Spanish) Bond Girls Article

15. November 2012 11:11 by m | 0 Comments

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NUESTRAS CHICAS BOND

¿Quiénes son las mujeres que después de 50 años y 23 películas de la saga persisten como la encamación de un ideal de belleza? Nuestros colaboradores eligieron estas cinco.

URSULA ANDRESS
JANE SEYMOUR
LANA WOOD
BÉRÉNICE MARLOHE
EVA GREEN

LA DIOSA QUE VINO DEL MAR URSULA ANDRESS POR ALBERTO CHIMAL

OCURRIÓ EN EL SATÁNICO Dr. NoDr. No, DE 1962, dirigida por Terence Young. Ella se llamaba Honey Ryder, que es un nombre absurdo pero en el que están la dulzura de la miel y quizá - si uno piensa que rider quiere decir “jinete”, y en esa película nadie monta caballos-la sugerencia de las “tiernas actividades horizontales”.

Estaba casi desnuda: su bikini no llama la atención ahora pero hace medio siglo provocó indignación y escándalo. Tras emerger y quitarse el visor -había estado buceando en busca de conchas marinas-, caminó hasta una playa de Jamaica. Tenía la piel bronceada y la cara limpia, desprovista de maquillaje. Cantaba. Quedó ante la mirada de un tal James Bond: un hombre voluntarioso y atractivo que la sedujo, como seduciría a muchas otras más a lo largo de los siguientes 50 años.

James Bond fue interpretado por Sean Connery, un actor escocés todavía poco conocido, y Honey Ryder, por Ursula Andress, una actriz suiza que debutaba en el cine. Y así como Connery grabó en la conciencia de Occidente una imagen ideal de virilidad, glamour y fuerza, así Andress fijó para siempre a la chica Bond: un arquetipo de sensualidad aún más poderoso.

¿Cómo sería posible? Ian Fleming, el novelista inglés que creó a James Bond en una serie de novelas y cuentos escritos entre 1953 y 1964, partió de sus propias experiencias en los servicios británicos de inteligencia para imaginar a su espía, pero a Ryder la inventó pensando directamente en mitos y deidades: la novela Dr. NoDr. No, en la que se basa la película, describe la primera aparición de la bella Honey inspirándose en El nacimiento de Venus, el cuadro de Botticelli que muestra a la diosa del amor, justamente, saliendo del mar, desnuda, de pie sobre una concha marina. Ésta es una mujer que proviene del misterio, de lo que está más allá del alcance humano, y que sólo puede ser tocada por el agente advenedizo, egoísta, indestructible -el semidiós- que la vuelve su amante.

LA ENCARNACIÓN DE UNA DIOSA

Por otra parte, está la propia Ursula Andress: limitada como intérprete, aunque bellísima, es un símbolo sexual únicamente por esa secuencia inicial de El satánico Dr. NoDr. No; su parentela no es la de las grandes divas sino la de las actrices-muñeca, como Sue Lyon o Sean Young. Es cierto que en el guión, como en la novela, se le da un pasado, un carácter, un deseo de afirmarse y existir en el mundo, todas las características de una persona cualquiera; sin embargo, la falta de convicción de lo que dice la delata, y el hecho de que la voz que oímos ni siquiera es la suya (otra actriz grabó sus diálogos, y se nota) vuelve aún más difícil creer en ella como mero ser humano. Todo sugiere, pues, que su historia es falsa: una invención para volver menos perturbadora su atracción irresistible, las insinuaciones de su cuerpo, la fuente misma de su poder sobre la imaginación humana.

No hay que fijarse demasiado en los rasgos superficiales: en los guiones tantas veces mediocres o los nombres ridículos o degradantes (“Pussy Galore”, “Holly Goodhead”, “Christmas Jones”). Desde Ursula Andress y para siempre, las chicas Bond son diferentes encarnaciones de la misma diosa, que se “humanizan” para convertirse en el objeto que desean los productores de las películas: para ponerse en peligro y ser salvadas, tener sus amoríos,

“No vi Dr. NoDr. No durante un año, pero me gustó cuando lo hice. El bikini hizo de mí un éxito”.

-Ursula Andress
defender ciertas posturas progresistas si lo pide la época, llegar al clímax en algún sitio exótico del mundo. Y entonces se van: Bond regresa para una nueva aventura, pero las chicas no vuelven. No es sólo que Bond huya del compromiso, que sea misógino y cruel con las mujeres, y que cuando se enamora sus amantes suelen morir violentamente. En realidad, la chica Bond es eterna: es sólo que reencarna un día en Honor Blackman, otro, en Claudine Auger, otro, en Diana Rigg, otro, en Jane Seymour, Carole Bouquet, Maryam D’Abo, Izabella Scorupco, Michelle Yeoh, Halle Berry, Eva Green, Olga Kurylenko... Todas ellas, y el resto de las actrices que han aparecido en los filmes de James Bond, han prestado sus cuerpos para fijar una nueva versión de los ideales de la belleza, cuando menos, de Hollywood, pero al mismo tiempo han transformado ese ideal una y otra vez: lo han vuelto más flexible y duradero que al propio James Bond, porque no depende de una identidad ni de un contexto.

Por último, se debe recordar que si bien Ursula Andress no tuvo una carrera ilustre, su mayor recompensa por haber sido la primera chica Bond vino del mundo mítico del propio cine. La última imagen relevan te de Andress en la historia del cine -la última aparición de la bella Honey Ryder, tan sólo un poco más madura y profunda- es un papel pequeño que tuvo en Furia de titanes, de 1981 (no confundir con las remakes recientes): desde luego, era Afrodita, la diosa del amor de los antiguos griegos, que es también Venus.

Tras un tiempo entre nosotros, la reina del sexo volvió al otro mundo, donde será por siempre: donde se quedará, seductora, como en la memoria.

“Me hubiera gustado que más de esos momentos sucedieran en la vida real”. -Jane Seymour. Live And Let DieLive And Let Die, 1973.

SOLITAIRE,

JANE SEYMOUR
POR MICHAEL GILLETTE
EN LOS AÑOS 80, cuando yo todavía era niño, las películas de James Bond se pasaban por televisión el último domingo de las vacaciones de verano, una especie de regalo final antes de regresar a la esclavitud del uniforme. De toda la saga Bond, Live And Let DieLive And Let Die fue la primera cinta que realmente me conquistó, tal vez por la increíble canción de McCartney en los títulos, las exóticas locaciones en Nueva Orleans y Jamaica o ese aire a vudú que exudaba la pantalla. Yo ya conocía a Roger Moore de The Saint and The Persuaders y me pareció el actor perfecto para personificar a Bond tan bueno para los gadgets como para las chicas-. Y qué chicas, sí señor.

En Live And Let DieLive And Let Die, su principal objetivo es Solitaire, interpretada por Jane Seymour. En mi mente adolescente de entonces, Seymour era la mujer perfecta, algo así como una Rosa Tudor de larga y etérea cabellera, y todo lo demás muy bien puesto en cada sitio. Su personaje en la película tiene poderes psíquicos que trabajan al servicio del villano Mr. Big, mismos que desaparecerían en cuanto perdiera su “inocencia”. El hecho es que Solitaire y yo teníamos mucho en común: la nacionalidad, la virginidad y los poderes mágicos. Bueno, tal vez los poderes no. Solitaire es pura vulnerabilidad y nostalgia femenina, un ave de jaula de oro en espera del héroe que la ponga en libertad. Con su acostumbrada eficiencia, Bond
recurre a un mazo de cartas de tarot, todas con la imagen de Los Enamorados, para llevársela a la cama. Por supuesto, se sale con la suya, pero no le resulta fácil: antes ha tenido que comprar un número considerable de cajas de tarot, un acto de galantería que merece tomarse en cuenta.

El papel de Seymour en la cinta consiste sobre todo en lucir un vestuario impresionante y verse bellísima todo el tiempo, aunque desafortunadamente aparezca más vestida que la mayoría de las chicas Bond. Pero se entiende: su rol le exige actuar como una ingenua. Una ingenua a la que atrapan demasiadas veces, por cierto. Sin embargo, el vaporoso traje blanco que utiliza para las escenas finales del sacrificio vudú resulta, cuando menos, impactante. Hubiera sido una lástima que su belleza terminara encerrada dentro de un ataúd lleno de serpientes, ¿o no?

“¡Sean! Vaya que sabía tratar a las mujeres”. —Lana Wood al preguntársele por el mejor 007". Diamonds Are ForeverDiamonds Are Forever, 1971.

PLENTY O’TOOLE,
{LANA WOOD}
POR XAVIER VELASCO

“¡HOLA, SOY ABUNDANTE!”, se presenta la chica del escote abismal ante el hombre de mundo cuya voz se hace oír en el casino. “¡Pero claro que lo eres!”, responde el agredido, luego de dar un revisón plenario a las vistosas herramientas de Plenty O’Toole, esa musa fugaz cuya muñeca gira entre deleitosa e indecente, mientras prepara el próximo lanzamiento de dados. ¿Hace falta decir que en ese solo instante de gloria y aleluya James Bond mismo es un mero personaje secundario? ¿Cómo dudar que a cuatro décadas de distancia sólo aquellos diamantes permanecen ya eternos?

Para algunos, entre los que me cuento, James Bond no hay más que uno: tiene el gesto y la facha de Sean Connery. Ningún otro hace cierto ese coctel de estilo, magnetismo, crueldad, arrojo, misoginia, elegancia, cinismo, sentido del humor y savoir-faire, entre otras cualidades de suyo inimitables —si bien, ay, replicables—. Vamos, que si yo fuera una chica Bond encontraría a Moore muy estirado, a Lazenby, patético, a Dalton, delicado, a Brosnan, engreído y a Craig, más bien silvestre. Algo tiene Sean Connery, seductor desdeñoso y mordaz, que hace a sus compañeras de reparto caer entre sus brazos con una contundente verosimilitud, y eso bien que lo entiende Lana Wood (née Svetlana Nikolaevna Zakharenko) cuando entra en el pellejo terso y resbalosito de Plenty O’Toole.

Toda elección supone una renuncia. Eliminar a tantas chicas Bond es trabajo cruel para quien lo ejecuta e injusto para buena parte de las ejecutadas, pero en casos como éste conviene sucumbir ante la realidad en cueros vivos: valen más

esos pocos momentos panorámicos donde la fugaz Plenty, displicente con otros, se le unta a Mr. Bond como mantequilla derretida. Es artificial, frívola, utilitaria, trepadora, encajosa, vulgar, y pirujona, pero eso y más uno se lo per-
dona porque además es una ingenua redomada. Anda, Plenty querida, úntate en mis croissants. ¿O será que a los ojos del devoto los defectos adquieren el rango de virtudes? ¿Son defectos o meras herramientas?

Se sabe que para otros no hay más que Honey Ryder, la primera de todas, pero he aquí que Ursula Andress cumple con el papel a voz doblada y eso le quita puntos ante otras candidatas como Pussy Galore y la beatifi-cable Tatiana Romanova, cuyas estampas brillan en technicolor con generosidad y redundancia, hasta que consiguen que se les vea la facha de esposas. Plenty, en cambio, se parece a la eterna señorita Moneypenny, y si bien está lejos de acreditar el título deficitario de miss, tampoco logrará saltar hasta el terreno de los hechos con el hombre del martini agitado, una vez que es lanzada se-midesnuda de la ventana hasta la alberca del hotel, por villanos nunca antes tan odiosos (de su muerte ni hablar: ya la olvidé).

Protagonismo intenso, herramientas de lujo, disposición total, arrojo irreflexivo, brevedad deslumbrante y ese destino trágico que acompaña la mala administración de la abundancia: si el tema es chicas Bond, voto por Plenty O’Toole.

“Un orgasmo mientras se asesina a alguien. ¡Qué diversión!". —Bérénice sobre la chica de GoldeneyeGoldeneye. SkyfallSkyfall, 2012.

SEVERINE
BERENICE MARLOHE
POR JOSE ALVAREZ

SENTADA SOBRE EL FILO DE LA CAMA en una habitación de for mas inciertas, Bérénice permanece paralizada. La noche está a punto de caer y sus ojos marrones se desvanecen en la oscuridad, mientras el rostro todo es envuelto por la penumbra. Un deseo recorre su cuerpo, pero sus miembros resisten la provocación. Se sabe derrotada de antemano e intenta esperar en calma. Sin embargo, sus impacientes dedos comienzan a realizar movimientos mecánicos al compás de su muñeca, que sube y baja con agilidad mientras sus labios, apenas entreabiertos, no distinguen entre el rumor de una melodía y su propia excitación. Su agitada respiración termina, al fin, por sacarla del trance, levantándola de improviso y perdiéndola en un sentimiento de frustración. Y es que desde la infancia, lo que más gusta de hacer es tocar el piano. Sabe que son sólo unas escaleras las que la separan del instrumento, pero el recuerdo de las ocasiones en que lo alcanzó y fue incapaz de sentarse a tocar entumece sus miembros de nuevo. Bérénice inmóvil es Bérénice víctima del deseo.

¿Condice acaso esta imagen con la de una chica Bond? ¿Con aquella estirpe de mujeres francesas que comenzó en Claudine Auger y su aterida mirada, capaz de desarmar a un hombre con la mera indiferencia? ¿O con la escultórica figura de Eva Green, cuya arrogante belleza hacía sentir a un hombre su insignificancia, pretendiendo el título de la pletórica femme fatale?

Existen, hasta el momento, dos imágenes únicas de Bérénice al encarnar a una chica Bond, a Sévérine. En la primera, se la ob serva con un andar displicente al costado de un barandal de madera, en lo que parece un restaurante en forma de pagoda china. Quizá por el inmueble, la primera característica de Bérénice que asalta la vista es la peculiaridad de su rostro: un tenue rasgueo en sus ojos que, sin ser completamente asiático, contrasta con su tez blanca, lo que deja entrever el mestizaje en su sangre. Su pecho, casi al descubierto y acompañado por el escote de un vestido
en negro y un colguije, acentúa sus labios rojos, cuya conjunción con los interiores caoba y la exangüe iluminación pierden en completo éxtasis la atención del ob servador. Sólo hasta después de observar el movimiento de sus hombros, se observa detrás a un parco y gris James Bond-Daniel Craig, cuya presencia en cuadro es casi nula. Sin embargo, una característica sobresale en Craig: la rigidez. Lo delata su mirada que, más que buscar a Sévérine, se observa perdida en una sima; lo ratifi ca su torpe andar, casi engarrotado y que lo muestra, más que presa de un entallado esmoquin, presa de un deseo paralizante. La siguiente escena -la segunda imagen-muestra a Craig y a Bérénice en medio de una ducha.

Bérénice en el restaurante que es una pa goda es Bérénice objeto del deseo. Terminar con ella en la ducha, poseer sus ojos, labios y cuerpo todo, es satisfacer al gusto los ape titos. Y luego, ¿qué? Satisfacer es también interrumpir ese engarrotamiento de la voluntad que es el deseo, es terminar con él. En cambio, Bérénice sobre el filo de la cama es Bérénice víctima del deseo. Esta es la imagen viva del deseo que se confronta a sí mismo, que jamás concluye y que se prolonga en la espera de una posesión que nunca llega.

A riesgo de cualquier entumecimiento, elijo el filo de la cama.

VESPER LYND
EVA GREEN
POR BRUNO BICHIR

ESAS PELÍCULASQUELOTIENENTODO. Bond, James Bond. “Shaken, not stirred”. La Guerra Fría en pleno apogeo, la peligrosa sensualidad de la sexualidad a flor de piel de las ya famosas chicas Bond, los últimos avances de la tecnología puestos al servicio del espionaje y la protección de la Corona inglesa, un score musical elegante como los esmoquins, los casinos, los autos, los martinis, los tacones y lentejuelas, y mucha buena acción en pantalla llena de testosterona.

Después de saltar en las butacas de los enormes cines de la Ciudad de México aplaudiendo a rabiar por las fantásticas aventuras de nuestro venerado Santo, el enmascarado de plata, desde mis inquietantes seis años de edad (inquietantes sobre todo para mí. Toda mi vida son mis seis años de edad. Sigo siendo el niño que fui. Sigo defendiendo las convicciones que anidé. Sigo huyendo del matrimonio como lo auguré. Visto igual, me siguen gustando los Beatles, me sigo disfrazando y sigo jugando como entonces. Sigo siendo tan rojo y rebelde como entonces. La Luna y Saturno me siguen asombrando con ese vértigo inaudito que aún me ataca cuando volteo al infinito cielo plagado de polvo de estrellas. Las piernas femeninas enfundadas en mallas de ballet inundan mis más profundas fantasías y deseos más elementales y primarios. Sigo enamorado del amor y creo hondamente en la justicia), he tenido con el tiempo un sinfín de encuentros y desencuentros con el agente 007: la transición del Santo a Bond fue suave pero radical. Sin embargo, debo ser sincero y confesar que alguna vez quise ser luchador con máscara y capa y un Jaguar descapotable. Curiosamente, no recuerdo haber querido ser espía. Pero jamás me perdería una película del espía creado por Fleming. A estas alturas ya me he perdido varias de la era Dalton, sobre todo. Pero he de declarar que nunca me gustaron del todo las pelis de Moore. Me parecía simplón y demasiado chistosón para mis estándares. Sin duda Connery nació para ser Bond. Re cuerdo imitar su ceja inquisidora, su sonrisa matadora y su peinado inamovible. Pero, poco a poco, lo que me fue cautivando de la saga fueron sus mujeres. Las chicas Bond. Desde los créditos. Una entrada es mejor que la otra. La música y las siluetas de hermosos cuerpos femeninos cadenciosos, peligrosos, sensuales y seductores me robaron el sueño durante muchas noches. Y fui creciendo y fui descubriendo a esas chicas. Como cuando iba en la prima-
ria y a la mitad del año de repente, ¡pum!, aparecía una niña que siempre había estado ahí pero en la que nunca había reparado y que de ahora en adelante no podría olvidar jamás. Fui descubriendo y redescubriendo y hurgando en libros y revistas las chicas Bond de todos los tiempos, incluyendo la chica del momento. Todas tuvieron y, de hecho, siguen teniendo un impacto y huella profunda en mis visceras, en mis torrentes y en mis neuronas. Lo que más mella hizo en mis sueños más húmedos fue la peligrosa sensualidad de cada una de ellas. Sobre todo las que le hacían ver su suerte a nuestro espía favorito. En este punto tengo que decir que conforme fui creciendo y descubriendo a estas chicas también fui cuestionando los valores cinematográficos de las cintas y la ideología imperialista, bélica, y machista de las mismas. Sin embargo, una vez superada y deslindada esa crisis ideológica, me sumergí de lleno en la ficción y en el disfrute de dos horas trepidantes llenas de adrenalina y feromonas. Pero hubo un bache. Un hueco. Un desapego por la serie que se fue transformando en brecha hasta alejarme por completo hasta que de repente Daniel Craig entra en escena y todo cambia. Se re-significa el personaje y emblemáticamente regresa Ian Fleming con todo y Casino Ro yale reivindicando el espionaje, el suspenso, la violencia, la intriga, la acción y la sexua lidad dentro de una muy buena película “shaken, not stirred”. Y es aquí que hace su aparición Eva Green. Una diosa encarnada portadora de todo lo mejor que una chica Bond podría traer a la mesa. Eva es elegante, distinguida, su natural sensualidad y coquetería francesa brota saltando de la pantalla y nos abofetea a besos carnosos en el alma más ancestral, más profunda. Con sólo tres películas, una de ellas con el iconoclasta Bertolucci, donde muestra todos sus encantos, su estilizada y curvilínea figura casi desenfadada, portadora de unos pechos descarados, tersos y contundentes, una cadera estrecha pero firme, incitadora a hundirse para siempre en ella. Pero donde Eva nos aniquila es en su mirada. Su sonrisa del millón y sus profundos ojos azules rodeados de tristeza, milenaria hondura, salpicados de minúsculas pecas que bordean su perfecta nariz. Es ahí donde ella es capaz de

crear intimidad, sexualidad, honestidad, sensualidad, confianza y recelo. Te invita y te huye. Se abre y te devora. La sofisticada Eva es hielo y fuego. Vesper Lynd, su personaje, es serpiente, es inteligente, suspicaz, audaz, distante y entrañablemente amorosa, cercana y eterna. Vesper, que significa campana que llama a profesar, estrella del atardecer, víspera, Venus, Eva... Green. Todo es ella. Una marea de sexo húmedo y cálido que no será domesticada por más sofisticada que sea. Será indomable. Eva es actriz. Antes que bella, es intérprete. Sigue siendo joven y sigue sorprendiendo su ángel y demonio. Sigo buscándola en cada rincón de cada callejón de cada país en cada mun do desahuciado de cada uno de mis universos paralelos colapsados donde todo lo que necesito es la mirada de esos ojos amaneciendo para despertar.

“Yo no quería ser una chica Bond. ¿Qué significa eso? Una chica con bikini. Pero cuando leí el guión quedé sorprendida”. -Eva Green

English Translation (by Google Translate)

OUR BOND GIRLS

Who are the women who after 50 years and 23 films in the series persist as the incarnation of an ideal of beauty? Our partners chose these five.

Ursula Andress
JANE SEYMOUR
LANA WOOD
Berenice Marlohe
EVA GREEN

THE SEA GODDESS CAME BY ALBERTO CHIMAL Ursula Andress

OCCURRED IN THE SATANIC Dr. NoDr. No, in 1962, directed by Terence Young. Her name was Honey Ryder, a ridiculous name but where are the sweetness of honey and perhaps - if one rider thinks means "horseman", and in that movie nobody rides horses, the suggestion of "tender activities Horizontal ".

She was almost naked, her bikini is not surprising now but half a century ago sparked outrage and scandal. Having emerged and viewer-off had been diving for seashells, and walked to the beach in Jamaica. Her skin was tanned and clean face devoid of makeup. Sang. It was in the eyes of one James Bond: a willful and attractive man who seduced, seduce as many others over the next 50 years.

James Bond was played by Sean Connery, Scottish actor still little known, and Honey Ryder, by Ursula Andress, Swiss actress who debuted in the film. And as Connery recorded in the consciousness of the West an ideal image of virility, strength and glamor and forever set Andress Bond girl: an archetype of sensuality even more powerful.

How is it possible? Ian Fleming, the English novelist who created James Bond in a series of novels and short stories written between 1953 and 1964, came from his own experiences in the British intelligence to imagine his spy, but thinking Ryder invented myths directly and deities: the novel Dr. NoDr. No, in which the film is based, describes the first appearance of the beautiful Honey inspiration from The Birth of Venus, Botticelli box that shows the goddess of love, precisely out of the sea, naked, standing on a seashell. This is a woman who comes from the mystery of what lies beyond human reach, and that can only be touched by the upstart agent, selfish, indestructible-the demigod-that becomes her lover.

INCARNATION OF A GODDESS

On the other hand, is the very Ursula Andress: limited as a performer, though beautiful, is only a sex symbol for the opening sequence of The Satanic Dr. NoDr. No, its not the kindred of the great divas but the actresses-doll as Sue Lyon and Sean Young. It is true that in the script, as in the novel, he is given a past, a character, a desire to assert itself and exist in the world, all the features of an ordinary person, but the lack of conviction of what he says betrays her, and the fact that the voice we hear is not even hers (another actress recorded her lines, and it shows) becomes even more difficult to believe in it as a mere human being. Everything suggests, then, that his story is false: an invention to become less disturbing their irresistible attraction, the insinuations of his body, the source of its power over the human imagination.

Individuals should not be too much on the surface features: in the scripts so often mediocre or ridiculous or degrading names ("Pussy Galore", "Holly Goodhead", "Christmas Jones"). From Ursula Andress and forever, the Bond girls are different incarnations of the same goddess, to "humanize" to become the object you wish to film producers: to be compromised and be saved, have their affairs,

"I saw Dr. NoDr. No for a year, but I liked it when I did. The bikini made me a success. "

Ursula Andress-
defend certain positions if requested progressive era, climaxing somewhere exotic world. And then they go: Bond returns for a new adventure, but the girls do not come back. Not only does Bond flees from engagement that is misogynistic and cruel to women, and that when he falls his lovers usually die violently. Actually, the Bond girl is eternal: it's just a day reincarnates Honor Blackman, another, Claudine Auger, another, Diana Rigg, another, Jane Seymour, Carole Bouquet, Maryam D'Abo, Izabella Scorupco, Michelle Yeoh , Halle Berry, Eva Green, Olga Kurylenko ... All of them, and the rest of the actresses who have appeared in the James Bond films have borrowed their bodies to set a new version of the ideals of beauty, at least, of Hollywood, but also have become the ideal one and again, have become more flexible and durable James Bond himself, because it depends on an identity or a context.

Finally, remember that while Ursula Andress did not have an illustrious career, his greatest reward for being the first Bond girl came from the mythical world of cinema itself. The last image relieve you of Andress in film history-the last occurrence of the beautiful Honey Ryder, just a little more mature and deep-is a small part that was in Clash of the Titans, 1981 (not to be confused with the remakes recent) course was Aphrodite, the goddess of love of the ancient Greeks, which is also Venus.

After a while among us, the sex queen turned to the other world, where it will be forever: where will stay, seductive, and in memory.

"I wish they had more of those moments happen in real life." Jane Seymour. Live And Let DieLive And Let Die, 1973.

SOLITAIRE,

JANE SEYMOUR
BY MICHAEL GILLETTE
IN the 80s, when I was still a child, James Bond films on television spent the last Sunday of the summer holidays, a kind gift before returning to end the slavery of uniform. Of all the Bond saga, Live And Let DieLive And Let Die was the first film that really won me over, perhaps for the incredible song titles McCartney, the exotic locations in New Orleans and Jamaica or air that voodoo that exuded the screen. I already knew Roger Moore in The Saint and The Persuaders and found the perfect actor to impersonate Bond gadgets that good for as for girls. And what girls, yes sir.

In Live And Let DieLive And Let Die, his main goal is Solitaire, played by Jane Seymour. In my adolescent mind then, Seymour was the perfect woman, something like a Tudor rose and ethereal long hair, and everything else very well placed at each site. His character in the movie has psychic powers that work in the service of the villain Mr. Big, they would disappear as soon lose their "innocence". The fact is that Solitaire and I had much in common: nationality, virginity and magical powers. Well, maybe not the powers. Solitaire is pure feminine vulnerability and nostalgia, a golden bird cage awaiting the hero to release. With his usual efficiency, Bond
uses a deck of tarot cards, all with the image of lovers, to take her to bed. Of course, he gets his way, but not easy: before you had to buy a number of boxes of tarot, an act of gallantry that deserves to be considered.

The role of Seymour in the film consists mostly wear a stunning dress and look beautiful all the time, but unfortunately appear more dressed than most Bond girls. But it is understood: his role requires him to act as a naive. A naive to that trap too many times, indeed. However, the filmy white suit used for the final scenes of voodoo sacrifice is, at least, shocking. It would have been a shame to end beauty locked in a coffin full of snakes, right?

"Sean! Wow that knew how to treat women. " -Lana Wood when asked about the best 007. "Diamonds Are ForeverDiamonds Are Forever, 1971.

PLENTY O'TOOLE,
LANA WOOD {}
BY XAVIER VELASCO

"Hi, I'm filling!" Presents the girl's neckline abysmal world before man whose voice is heard in the casino. "But of course you are!" Replies the victim, after giving a plenary at showy Revison tools Plenty O'Toole, that elusive muse whose wrist rotates between delightful and indecent, while preparing the next roll of the dice. Need I say that in that one moment of glory, hallelujah James Bond himself is merely a supporting character? How can one doubt that four decades away and only those diamonds remain eternal?

For some, among whom I count myself, James Bond there is only one: has the gesture and look of Sean Connery. No other makes certain that cocktail style, magnetism, cruelty, courage, misogyny, elegance, cynicism, humor and savoir-faire, including his own inimitable qualities-although, alas, replicable. Come on, that if I were a Bond girl would find very stretched Moore, to Lazenby, pathetic, Dalton, delicate, Brosnan, Craig cocky and rather wild. Something has Sean Connery, seductive dismissive and scathing, makes her co-stars fall into his arms with a convincing verisimilitude, and that he understands well Lana Wood (née Svetlana Nikolaevna Zakharenko) as it enters the skin smooth and resbalosito of Plenty O'Toole.

Every choice involves a renunciation. Remove as many Bond girls is cruel work for whoever runs and unfair to many of

the executed, but in cases like this should succumb stark naked reality: worth more than those few fleeting moments where Plenty scenic, indifferent to others, he smeared Mr. Bond as melted butter. It is artificial, frivolous, utilitarian, climbing, encajosa, vulgar, and pirujona, but that and more one would per-
donate because it is also a downright naive. Go, dear Plenty, slather on my croissants. Or is that in the eyes of the devotee acquire defects range of virtues? Are defects or mere tools?

It is known that for others there is only Honey Ryder, the first of all, but here it meets Ursula Andress voice folded the paper and that takes away points against other candidates as Pussy Galore and Tatiana Romanova Cable beatification, whose Technicolor prints shine with generosity and redundancy, until they get to see the look of wives. Plenty, however, resembles the eternal Miss Moneypenny, and while it is far to prove the title of Miss deficit, achieved either jump to the ground from the man made martini shaken, once it is released-midesnuda of the window to the pool of the hotel, so heinous villains ever (not to mention his death: and forgot).

Prominence intense, fancy tools, available total reckless daring, dazzling brevity tragic fate that accompanies that mismanagement of wealth: if the subject is Bond girls, Plenty O'Toole vote.

"An orgasm as he murders someone. What fun! ".-Girl Bérénice on GoldeneyeGoldeneye. SkyfallSkyfall, 2012.

SEVERINE
Berenice Marlohe
BY JOSE ALVAREZ

Sitting on the edge of the bed in a room for more uncertain, Bérénice remains paralyzed. The night is about to fall and fade brown eyes in the darkness, while the whole face is enveloped by the darkness. A desire through your body, but its members resist provocation. It is known in advance and tries defeated expect calm. However, their eager fingers begin to make mechanical movements to the beat of your wrist, which rises and falls with agility as his lips barely parted, do not distinguish between the sound of a melody and her own arousal. His heavy breathing ends, finally, for out of the trance, suddenly lifting and losing a sense of frustration. And since childhood, the most like to do is play the piano. You know you are just some steps that separate the instrument, but the memory of when it was hit and unable to sit numbs its members playing again. Bérénice Bérénice is still victim of desire.

Perhaps this picture? Condice with a Bond girl? With that lineage of French women who started in Claudine Auger and numb look, able to disarm a man with mere indifference? Or with the sculptural figure of Eva Green, whose haughty beauty made a man feel their insignificance, claiming the title of the plethoric femme fatale?

There are, so far, two of Bérénice unique images to portray a Bond girl, Severine. In the first, the ob reserve with a lackadaisical walk beside a wooden railing, in what looks like a restaurant as a Chinese pagoda. Perhaps for the property, the first characteristic of Bérénice that assaults the eye is the peculiarity of his face: a faint strumming in his eyes, not being completely Asian, contrasts with her white skin, which suggests interbreeding in his blood. His chest, almost bare and accompanied by the neckline of a dress
colguije in black and accentuates her red lips, whose conjunction with mahogany interior and lighting bloodless completely lost in ecstasy ob conservative care. Only after observing the movement of his shoulders, is observed behind a sparse and gray-Daniel Craig James Bond, whose presence is almost nil box. However, a protruding feature in Craig stiffness. He betrays his eyes that, rather than seeking to Sévérine, there is lost in an abyss, you ca ratified his awkward gait, almost engarrotado and it shows, rather than a fitted tuxedo prey, prey to a crippling desire. -The next scene shows the second image-Craig and Bérénice amid a shower.

Bérénice in the restaurant which is a pa goda is Bérénice object of desire. End it in the shower, own eyes, lips and body everything is satisfying to taste the titos ape. And then what? Meet interrupt that shin splints is also the will which is the will, is to end it. Instead, Bérénice on the edge of the bed is Bérénice victim of desire. This is the living image of desire that confronts himself, that never ends and that continues in the hopes of a possession that never comes.

At the risk of any numbness, choose the edge of the bed.

Vesper Lynd
EVA GREEN
BY Bruno Bichir

PELÍCULASQUELOTIENENTODO ESAS. Bond, James Bond. "Shaken, not stirred." The Cold War in full swing, the dangerous sensuality sexuality to the surface of the now famous Bond girls, the latest technology in the service of espionage and the protection of the British Crown, an elegant musical score as tuxedos , casinos, cars, martinis, heels and sequins, and lots of good action on screen full of testosterone.

After jumping on the seats of cinemas huge Mexico City applauding wildly for the fantastic adventures of our revered saint, the silver-masked, from my six year old disturbing (especially disturbing to me. All my life are my six year old.'m still the child I was. still defend the convictions that nest.'m still running as AUGURE marriage. having equal, I still like the Beatles, I'm dressing up and keep playing as then.'m still as red and rebellious as ever. Moon and Saturn continue to amaze me with that yet unheard vertigo attacks me when I turn to the infinite sky full of stardust. female legs encased in tights ballet flood my deepest fantasies and desires most basic and primary . I'm still in love with love and I believe deeply in justice), I eventually had countless encounters and with 007: the transition from Holy Bond was gentle but radical. However, I must be honest and confess that I ever wanted to be a fighter with mask and cape and a Jaguar convertible. Interestingly, I remember wanting to be a spy. But I never lose a spy film created by Fleming. By now I have lost several of Dalton was especially. But I must declare that I never liked the all the films of Moore. It seemed silly and too chistosón my standards. Definitely Connery was born to be Bond. Re sane imitate his eyebrow questioningly, his killer smile and his hair immovable. But little by little, I was captivated by the saga were his wives. Bond Girls. From the credits. An entry is better than the other. The music and the silhouettes of beautiful female bodies lilting, dangerous, sensual and seductive stole my sleep for many nights. And I grew and I discovered these girls. Like when I was in primary
ria half the year and suddenly, bang, appeared a girl who had always been there but I had never repaired and that from now on would never forget. I was discovering and rediscovering and rummaging through books and magazines Bond girls of all time, including the girl of the moment. All had and, in fact, still have an impact and lasting impression in my guts, my torrents and my neurons. What more dent in my wildest dreams did was dangerous wet sensuality of each. Especially did he see his luck to our favorite spy. At this point I have to say that as I got older and discovering these girls was also questioning the cinematic value of the tapes and imperialist ideology, war, and macho of them. However, once overcome and disclaimed the ideological crisis, fully immersed myself in fiction and in enjoying thrilling two hours full of adrenaline and pheromones. But there was a bump. A hollow. A detachment from the series that was transformed into gap until completely away until suddenly Daniel Craig enters the picture and everything changes. It means re-return character and Ian Fleming emblematically yet and Casino Ro claiming yale espionage, suspense, violence, intrigue, action and sexual ity within a very good movie "shaken, not stirred". And it is here that Eva Green makes its appearance. A goddess incarnate harbinger of better than a Bond girl could bring to the table. Eva is elegant, distinguished, her natural sensuality and French coquetry jumping springs and screen kisses fleshy slaps us in the ancestral soul, deeper. With just three films, one of them with the iconoclastic Bertolucci, where shows all her charms, her slim and curvy figure almost carefree, carrying brazen breasts, smooth and strong, a hip narrow but firm, to sink forever tease it . But where is Eva annihilates us in his gaze. His smile million and deep blue eyes surrounded by sadness, millennial depth, tiny freckles dotted his perfect nose lining. That's where she is able to create intimacy, sexuality, honesty, sensuality, confidence and suspicion. Invites you and you flee. It opens and devours you. The sophisticated Eva is ice and fire. Vesper Lynd, his character, is snake, is intelligent, suspicious, bold, aloof and deeply loving, close and eternal. Vesper, meaning bell that called to profess, Evening Star, Eve, Venus, Eve ... Green. Everything is she. A flood of warm moist sex will not be tamed by more sophisticated it is. Indomitable will. Eva is an actress. Rather than beautiful, is interpreter. Still young and still surprised his angel and demon. I keep looking for it in every corner of every alley of each country in each world do evicted from my every collapsed parallel universes where all I need is the look in those eyes dawn to awaken.

"I did not want to be a Bond girl. What does that mean? A girl in bikini. But when I read the script I was surprised. " -Eva Green

 
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